Son las 12 de la noche y esto es lo que se ve por mi ventana:
Así no se puede dormir, da rabia perderse un espectáculo tan bello.
Para espectáculo, el que dimos ayer. Me he apuntado con los colegas del futbol dominguero a una liga de futbol en Tampere. Es una liga para acabados, ya que los campos son pequeños y juegan 9 jugadores por equipo. Además se pueden hacer todos los cambios que se quieran. Y lo mejor de todo es que ayer, en el primer partido de la liga, fuimos tantos que había 2 jugadores por posición. Al principio me asusté un poco. Casi todos llevaban espinilleras de protección, y yo ni siquiera llevaba calcetines altos! Nuestras camisetas eran negras, compradas de las tiendas más baratas. Los contrarios llevaban camisetas naranja fosforito con números y equipación profesional. El arbitro (un Kojak de unos 50 años) nos avisó de que era un juego de hombres, que no pararía el juego por pequeñeces. Así que empezamos el partido, yo con un poco de susto en el cuerpo, para ver que al final de la primera parte ibamos ganando 1-0!! El resultado final fue de empate a un gol, nada malo para cómo pintaba al principio, y solo me llevé una patada en la espinilla derecha (ay! acabo de cerciorarme de que era la derecha). Intenté convencer a mis amigos y luego al Mono para celebrarlo en el Doris, pero nadie se apuntó y al final ganó el pulso mi cama.
Y hoy tocaba día cultural. Por la tarde había en el Telakka una actuación del grupo Tartuntavaara de teatro. Miguel ha diseñado parte de la escenificación de la obra. La cosa prometía al principio, en plan absurdo post-moderno, mezcla de culturas. Había gente de distintos países hablando distintos idiomas, pero eso no impedía seguir la trama. Bailes africanos, canciones turcas (?) y finlandesas, música en directo, todo muy bien hasta que a los 15 minutos de empezar me entran ganas de ir al baño. Y yo sentado en medio de la fila del medio de los asientos para el público, con 8 personas a cada lado. Para más inri, la salida estaba detrás del escenario, que realmente era un espacio abierto, sin separación física del público. De forma que para ir al baño había que incomodar a varias personas, pasar delante del público, tapando el escenario y además pasar delante de los cantantes y la orquesta. Allí se acabó mi disfrute de la obra. Pasaban los minutos como horas y yo intentaba acumular valor e indiferencia para atreverme a molestar a todo el mundo para llegar al baño. Entonces la actuación parecía que haría una pausa y yo me aguantaba. Y luego todo era mentira. Así estuve casi una hora sufriendo hasta que por suerte se acabó cuando yo no podía más. Creo que fui el único que aplaudió levantado, pero sólo era para salir más rápido de allí. Qué mal rato, sudando una hora, temblando de desesperación! Siento no contar más de la obra, pero no pude concentrarme en ella. Eso sí, el alivio fue de alivio y a la salida nos tomamos una cerveza el Mono, su ............ (rellenar a gusto propio, con y sin paranoias) y una amiga de ella, y, después del dolor del teatro, me pareció la mejor velada en mucho tiempo.
Mmmm, ya huele a fin de semana!
T
Y hoy tocaba día cultural. Por la tarde había en el Telakka una actuación del grupo Tartuntavaara de teatro. Miguel ha diseñado parte de la escenificación de la obra. La cosa prometía al principio, en plan absurdo post-moderno, mezcla de culturas. Había gente de distintos países hablando distintos idiomas, pero eso no impedía seguir la trama. Bailes africanos, canciones turcas (?) y finlandesas, música en directo, todo muy bien hasta que a los 15 minutos de empezar me entran ganas de ir al baño. Y yo sentado en medio de la fila del medio de los asientos para el público, con 8 personas a cada lado. Para más inri, la salida estaba detrás del escenario, que realmente era un espacio abierto, sin separación física del público. De forma que para ir al baño había que incomodar a varias personas, pasar delante del público, tapando el escenario y además pasar delante de los cantantes y la orquesta. Allí se acabó mi disfrute de la obra. Pasaban los minutos como horas y yo intentaba acumular valor e indiferencia para atreverme a molestar a todo el mundo para llegar al baño. Entonces la actuación parecía que haría una pausa y yo me aguantaba. Y luego todo era mentira. Así estuve casi una hora sufriendo hasta que por suerte se acabó cuando yo no podía más. Creo que fui el único que aplaudió levantado, pero sólo era para salir más rápido de allí. Qué mal rato, sudando una hora, temblando de desesperación! Siento no contar más de la obra, pero no pude concentrarme en ella. Eso sí, el alivio fue de alivio y a la salida nos tomamos una cerveza el Mono, su ............ (rellenar a gusto propio, con y sin paranoias) y una amiga de ella, y, después del dolor del teatro, me pareció la mejor velada en mucho tiempo.
Mmmm, ya huele a fin de semana!
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