11.11.07

Segundo día en Rusia en 1999

10.11.99

Mes cheres amis!

Ya estoy aquí de nuevo, algo cansado de no haber dormido ayer, comentando con Alex y los arquitectos las jugadas de San Petersburgo. Empezamos a comer pasadas las once y hasta la 1 no empezamos con el segundo plato. Al final ya no pude contenerme y fui yo el humillado que tuvo que decir que si no íbamos a comer el plato principal, que si no aún estamos hablando y la pasta enfriándose sobre el fogón apagado.

Y hoy he tenido presentación en francés acerca de este verano y claro, solo tenía fotos de juergas. Esto no puede ser. Pero volvamos a lo que nos interesa a todos y a quien no, que borre el mensaje corriendo el riesgo de ser infectado por el "virus de la curiosidad postrera".

Ya estamos a viernes en San Petersburgo, un dulce despertar gracias a los porrazos en la puerta nos hace sentirnos con ganas de bajar al buffet de desayuno del hotel. Vaya decepción de buffet. Lo más gracioso eran unas croquetas de algo con mucho ajo que volverían a nosotros con insistencia a lo largo del día. Bueno, pues vistámonos y vayámonos. Teníamos contratado un tour en el autobús con una guía. La verdad es que a mi no me gustan nada esos toures, y menos cuando llevas sueño atrasado, ya que el asiento del autobús se convierte en una trampa mortal, pero bueno. Vimos bastantes cositas, de las que no me acuerdo bien, pero también hicimos paradas. La primera fue en la catedral de San Isaac o Isaias. Pagamos 100 rublos por entrar y luego nos enteramos que haciéndote pasar por ruso solo te cobraban 11, con lo que la confianza en nuestra guía quedó mermada. De hecho se ofreció a presentarnos el Hermitage por una cantidad de rublos, pero nadie quería ir con ella ya. Me imagino que la pobre tendrá la obligación de sacarle las pelas a los turistas, pero bueno. La catedral era muy bonita, más grande que la iglesia del jueves y más fría, pero era muy alta y tenía unas columnas exteriores enormes y una torre con cúpula central igual. Como en ese momento estábamos un poquito picados con la guía y por el tiempo que nos habían dado no nos iba a llegar para subir a la cúpula, nos escindimos del grupo principal una mexicana, una polaca, una italiana y yo (prometo que mi único interés era la cúpula. Creedme. Por favor, soy inocente). Para la cúpula había que pagar cuatro rublos si eras ruso o tenías el carnet Isic, pero como yo no lo tengo porque me saqué otro que no vale aquí, me decían que no podía entrar. Menos mal que en este país son flexibles y después de un par de "no entiendo" y unas caritas de pena, nos dieron las entradas. Siguiente prueba: La que te corta los tickets. "Vosotrovski niet estudianski russki!" Menos mal que la Polaca se hizo cargo de la situación y enseguida le dijo "Da, Da" (si, si) y nos metimos ante la impotencia de la señora, que por cierto debía rondar los 233 años y no estaba como para cerrar el paso a cuatro pura sangre en sus mejores años. La vista desde la cúpula era preciosa. Se podía recorrer por todo su perímetro, con lo cual se podía ver la parte de San Petersburgo que se quisiese. Además, estabamos por encima de los demás edificios y templos y se divisaban bien y bonitas las cúpulas doradas. Ya parecía que estábamos en un cuento de hadas, solo tenia que sonar la música de Titanic de fondo. El descenso por una escalera de caracol larguísima y a la salida una carroza del estilo de la cenicienta. Y tonto de mí me volví al autobús...

La excursión continuó por los derroteros que había planificado la guía, parando brevemente para hacer fotos en algunos sitios. Lo más rastrero me pareció la parada en la tienda de souvenirs. En vez de comprarme un souvenir, les dejé uno en el cuarto de baño y me salí a comprar algo de fruta a una señora que tenía montado un tenderete en una esquina. Era una señora mayor, con la cabezo protegida por un pañuelo y la cara llena de arrugas, pero sin llegar a ser desagradable. Era gracioso cómo pesaba la fruta con esa balanza destartalada y unas pesas del año de la polka, pero me supo mejor la fruta que en Finlandia. Después de un rato, cuando empezaban a salir de la tienda de souvenirs, Matthias le compró una sandía de 5 kilos o más a la señora, que ese día debió hacer el negocio de la semana.

La siguiente parada con el autobús fue delante de la catedral sobre el charco de sangre o algo así, un templo montado por un Zar para su padre que fue asesinado en ese mismo lugar. Como ya estábamos hasta las narices de la guía, decidimos meternos en la catedral y pasar del autobús. Con la práctica ya pasábamos por rusos en todos los lados, así que nos costó 50 pesetillas entrar. Daniel me estuvo explicando algunas imágenes que el conocería por su padre el cura, siempre es interesante saber un poco de qué va lo que estás viendo. A la salida nos volvimos a dividir y nos fuimos los 5 españoles por un lado y Gaby, la mejicana y los dos alemanes de los cacheos por otro, quedando para las 19:00 en el hotel.

Aún nos ardían las carteras de la cena de la noche anterior, así que decidimos que ese día comeríamos barato y qué más barato que la universidad? Nos encaminamos contentos hacia ella y elegimos la facultad de Filología, después de preguntar a varios estudiantes que nos indicaron bastante bien en inglés. La universidad está hecha una pena, es recomendable que todos le echásemos un vistazo y así nos quejaríamos menos de las nuestras. Las paredes están desconchadas y hay aulas pequeñas y oscuras, pero tampoco están sobresaturadas de gente. Se respiraba un ambiente universitario muy sano, la gente se juntaba a trabajar en aulas, nos miraban divertidos al oír nuestros berridos en español, etc. La suerte quiso que nada más entrar estuviese la International Office, en donde nos indicaron cómo ir a la cafetería de la Facultad. De camino nos para una chica con un "Hola!" Tras la inicial sorpresa nos contó que estaba estudiando en Moscú y nos presentó a otras dos españolas, pero no pareció hacerles mucha ilusión el ver a otros compatriotas, así que volvimos a centrar nuestra atención en nuestros ruidosos estómagos.

La cafetería era pequeñita, con una decena de mesas y con la mayoría de los muebles y paredes de madera, con lo cual adquiría un ambiente cálido. La gente estaba disfrutando de sus consumiciones enfrascada en conversaciones o mirándose apuntes, era como una Universidad más, solo que en Rusia y eso hacía que lo flipásemos tanto. Nos tocó el turno de pedir y por señas fuimos capaces de conseguir algo de comida, ya que cuando dijimos "nanana english?", nos respondieron "NIET!" Detrás de la barra se repartían el trabajo tres mujeres: Una camarera bastante monilla, la cocinera (realmente solo era berreadora, porque les gritaba a los de la cocina de abajo qué hacía falta arriba) y la eterna fregadora, de unos 60 años y que se dedicaba a fregar a mano la vajilla usada. Mientras pedíamos se iba acumulando una inmensa cola de rusos que se lo pasaban pipa viendo como intentábamos comunicar con la camarera. Conseguimos por fin sentarnos a comer, rodeados de guapas filólogas (el pobre Marcos había cogido el peor sitio y estaba de espaldas), cuando entró un grupo de tres mozas a las que calé como españolas al segundo. Como no estábamos seguros, solté un "guapas!", más alto de lo que hubiese querido y se giraron levemente, pero no nos hicieron caso, por lo que dedujimos que me había equivocado. Para entonces ya me había entrado la vergüenza y mis amigos se recreaban en mi enrojecida cara, consiguiendo así enrojecerla aun más. Luego, al irse, nos dijeron "hasta luego"... Pedimos unos cafés, esta vez con la ayuda de otra chiquita que nos hizo de intérprete y nos fuimos a investigar por las clases. De pronto escuchamos a través de una puerta: "Madrid es la capital de España..." Increíble, el azar nos había llevado a una clase de español en San Petersburgo. Hicimos tiempo escribiendo postales y pidiendo a otros estudiantes que nos enseñasen a escribir 'España' y 'Alemania' en cirílico. A la salida de la clases de español nos hicieron caso unos pocos alumnos, aunque la profesora ni nos miró. Estuvimos hablando un rato con una chiquita que tuvo el valor de conversar con nosotros, porque había muchos alumnos que eran muy tímidos. Ella hablaba de maravilla, solo con tres años de español y habiendo tenido muy pocas oportunidades de hablar con gente española, pero siempre guardaba la distancia y cuando se vio en el centro de atención de 5 toros bravos se agobió y se fue, la pobre. Al final acabamos yéndonos de la facultad, con destino al hotel para descansar un poquito.

Llegamos una hora más tarde de lo convenido, pero los otros tampoco estaban, así que tranquilamente descansamos, nos aseamos y a la hora o así nos volvimos a poner en marcha en busca de cena.

Nos encontramos con un grupo de los de nuestro viaje que iba para el centro, y les preguntamos si se querían venir con nosotros, que íbamos a ir en Metro. Fue decir "Metro" y callarse todo el grupo. El líder "me cago" palideció como una naranja cubierta de moho. "Qué vais a hacer, inconscientes? El metro es lo más cercano al infierno, no lo hagáis. Os perderéis!!" Mientras se recuperaban del susto nos escabullimos y llegamos a la estación de metro, al lado de una estación de tren. Era una estación que no tenía nada, era enorme y todo estaba como en ruinas, dándole un toque fantasmal a la entrada al infierno, pero el movimiento de gente que había allí indicaba que seguía en uso. Entramos en el metro y por menos de lo que vale un billete de metro en Madrid, viajamos los cinco. Es impresionante la profundidad a la que se encuentran los túneles del metro, no se ve el final de la escalera cuando te montas. Habíamos urdido planes de emergencia por si se planteaba alguna dificultad, como vender cara nuestra vida o salir corriendo, vendiendo así barata la vida de Loren..., pero una vez dentro, en ningún momento pasamos miedo, ya que siempre había un montón de gente y había ruido de conversaciones etc. Llegamos bien al centro y nos dirigimos a un café que habíamos fichado el día anterior. Nos encontramos justo antes de entrar al otro grupo y les ofrecí venir con nosotros, pero no se animaron. Quien sí se animó fueron Martin de eslovaquia (se parece un poco a Bruno) y una chica italiana que nos encontramos en la puerta del bar. El sitio era de gente joven y con música. La camarera tuvo una paciencia increíble al describirnos la comida, ya que los jovenzuelos de la mesa de al lado "no tenían tiempo" para ayudarnos a traducir. Snobs de mierda. El caso es que pedimos a base de señas y de poner cuernos y decir "muuu?", "Da, muuuu!". La comida iba en un recipiente de barro y estuvo muy buena. En cambio el vino dejaba algo que desear y para mayor vergüenza era español. Después de la cena nos fuimos a la plaza enorme que hay delante del Hermitage a cepillarnos los 5 de siempre una botellita de Vodka del bueno, según nos habían recomendado: Un moskovskaya Cristall o algo así. He de reconocer que no estaba tan malo, a mi normalmente el vodka me repele. El caso es que estábamos allí, tan alegres, con nuestros vasos del hotel y el vodka y el sprite cuando aparecen dos figuras que se dirigen directamente a nosotros. Tras una segunda evaluación observamos que su trayectoria no era tan directa, para usar términos telequísticos, estaba modulada la trayectoria por una sinusoide de frecuencia bastante aleatoria, pero al final llegaron hasta nosotros.

Se trataba de Kyria y de Evgene (cirio y eugenio?) y llevaban ya considerable menopea. Se alegraron de encontrarse con unos guiris y compartimos nuestra bebida y la suya. A los cinco minutos ya nos estábamos abrazando efusivamente con este par de estudiantes de derecho y la noche se planteó con ellos desde entonces. Durante uno de esos efusivos abrazos Kyria me dio un cabezazo, pero yo lo vi venir y no lo hizo con fuerza, así que a partir de ahí mi relación con él se enfrió algo. Además él estaba convencido de que yo era ruso e insistía en hablarme en ruso, pero bueno, siempre estaba José para hablar con él. Eso no quita que nos finalizásemos el culo de vodka que quedaba a la rusa, lanzando el vaso por encima del hombro en mi caso y dejándolo caer él, más chulo que un ocho. Al oír los cristales rotos apareció un policía, pero nuestros rusos se hicieron cargo de la situación. También apareció un soldado ruso y se fue con un cigarrillo o un copazo, no recuerdo, pero me gustó que aquí no tienen problema en compartir, y acudieron un par de mozas, pero nuestros rusos enseguida las identificaron como prostis de la mafia y las mandaron a paseo. En vista de las botellas vacías nos dedicamos a buscar un sitio abierto y nos dirigimos a la discoteca que nos había recomendado la chica del día anterior. Cogimos dos taxis (el sexto o así que paramos, ya que Kyria los negociaba como un campeón) y nos fuimos al Metro Club. Una vez allí no nos dejaron entrar a todos, me parece que los rusos llevaban algo en una bolsa de plástico que no le gustaba al de la puerta, así que decidimos buscar otro sitio. Aquí fue el momento del gran fallo, ya que en un coche se metieron Carlos, Loren, Marcos y Evgene mientras que Jose, Kyria y yo nos metimos en otro taxi. Descoordinaron los rusos y fuimos a parar a sitios distintos, creímos ver al otro grupo esperándonos en una esquina, pero nuestro taxi pasó volando por allí. Kyria nos metió en una discoteca de bakalao increíble. La música no me gustaba, pero la discoteca era impresionante, en la parte superior de una nave. Había ventanas en el suelo que permitían ver que te encontrabas por encima de la entrada. En la sala grande que debió ser un teatro en su tiempo había unos DJs actuando con unas bailarinas y los rusillos bailando bacalao (techno) con sus gafas de sol de malos y algunos incluso se quitaron la camiseta. No estuvo mal, pero entre que no nos gustaba la música y que yo tenía un poco atravesado al ruso que iba con nosotros, que seguía en sus trece de hablarme en ruso, nos acabamos cansando relativamente pronto. Curiosamente fuimos más papistas que el papa al dejar nuestras chaquetas en una esquina, como se suele hacer en España, mientras que Kyria no se fiaba un pelo y no dejaba de vigilarlas. Al final, nos fuimos al hotel sobre las 5 de la madrugada, dando un paseíto por las tranquilas calles.

En la entrada del hotel nos encontramos a Timo "me cago" y nos preguntó si sabíamos dónde comprar algo de comer y beber a esas horas para él y sus amigos que llevaban toda la noche de fiesta ... en su habitación!! Le indicamos una tienda de 24 horas que estaba a unos 100 metros y el muy gallina nos pidió que le acompañásemos. Luego subimos a su habitación para ver a una pandilla de borrachos, alguno ya no coordinaba sus movimientos. Hay una página web con fotos de esa habitación, pero no creo que valga la pena, es más, han censurado la foto que yo le hice al dueño de la cámara en su cama, dando patadas al aire e incapaz de articular palabra. La gente que ha visto esas tristes fotos le preguntó a Marcos que si realmente habíamos disfrutado en nuestra excursión. Su inteligente respuesta: "Estamos en alguna de las fotos?" "No", "Pues entonces....".

En nuestra habitación se confirmaron nuestras sospechas: Nuestros tres amigos aún no habían vuelto y seguirían disfrutando como enanos, pero poco antes de acostarnos les oímos llegar y nos contaron sus aventuras con Evgene. Me pareció muy noble por parte de los rusos el que nos invitasen a algunos taxis sin buscar ningún beneficio, de hecho Evgene invitó a nuestros amigos al taxi incluso cuando se separaron, les dio 50 rublos...

Y después de la aventura, a dormir el sueño de los campeones...

Y yo también

Un abrazo

Tobias

2 comments:

Juan Pablo said...

Me hace mucha gracia tu aclaración de que no había ánimos lujuriosos en que te quisieras quedar a solas con tres hembras. Tu recato me ha recordado a San Agustín (el gran San Agustín), quien se volvió moralista después de correrse las juergas más salvajes por las calles de Hipona. “Aleja de mi, oh padre amantísimo, los inmundos vapores de la concupiscencia” creo que decía el bueno de Águs .

No veo dónde están esos prejuicios que tu dices. Solo percibo una mirada curiosa con una inmensa capacidad de asombro. Qué tedioso se vuelve el mundo cuando pierdes la habilidad de asombrarte. Espero que jamás, tú, a quien tengo por sabio, pierdas ese asombro ante la necedad, la hermosura, el espanto o la crueldad. Qué buena palabra: asombro. Quedarte sobrecogido porque algo grandioso te hace sombra, porque algo inmenso te tapa la luz del sol.

Me vas a perdonar pero me he emocionado al leer ese VIVA ESPAÑA garabateado en la pizarra de esa facultad desconchada. Supongo que estaba escrito porque casi todos los inquilinos de esta tierra se vuelven más patriotas en el extranjero de lo que son cuando están aquí. Y digo patriota en el buen sentido. En el sentido simple del que disfruta con lo que le ha rodeado toda su vida. El que aprecia y admira aquello de donde viene. Ya sé que esto en España es ser un carca y un anormal. Pero a cada año que pasa me siento más enraizado en estos guijarros sobre los que tanto escupen. Y quizá porque tanto la desprecian más la amo yo. Perdonad que me repita tanto y sea tan fastidioso. Son solo delirios de un loco solitario. He sentido envidia de no haber estado contigo tragando ese malísimo vino español. Así de subnormal me he vuelto. Ese VIVA ESPAÑA en cualquier pared de nuestras calles tiene la connotación que todos sabemos. ¿Por qué no podría tener siempre esas dos palabras esa frescura e inocencia que posee en esa pizarra descascarillada? ¿Algo bajo lo que mucho se sintieran parte de algo? ¿Tan absurdo sería agrupar bajo esas dos palabras 2.000 años de historia y que nadie se sintiera humillado o vejado? Perdonad por mi cansina letanía.

Tobias said...

Querido JP. Al final te acabas dando cuenta de que cualquier sitio tiene sus ventajas e inconvenientes. Algunos más, algunos menos, pero nos defendemos como podemos en donde sea. Creo que ahora no daría un 'Viva España,', (o 'Alemania,' o 'Finlandia') incondicional. Más bien ese grito sería reflejo de una imagen customizada (se me ha olvidado como decir esto en español, me avergüenzo, oh gran JP) de España con las cosas entrañables que ha tenido y de las cuales algunas aún siguen.
El problema más profundo que mencionas de las connotaciones que pueda tener cualquier expresión en la Piel de Toro sería un ejemplo de lo que exluiría de mi 'Viva España!' Un país en el que tienes que pensar lo que vas a decir como una partida de ajedrez, mirando 3 posibles reacciones en el futuro, no vaya a ofenderse nadie por algo que ni siquiera pretendías decir. Lavado de cerebro y prejuicios. En fin, espero estas Navidades ver un poco de lo que echo de menos. Nos vemos entonces!
Un abrazo.